
- El Salvador recibió 5.060 millones de dólares en remesas durante el primer semestre de 2026, según su banco central.
- Solo 35,4 millones (el 0,7%) llegaron por la vía de las criptomonedas.
- Ese canal crece un 39,1% interanual, pero parte de una base mínima.
- La billetera estatal Chivo está siendo desmantelada dentro del acuerdo de crédito con el FMI.
Cinco años después de que El Salvador convirtiera a bitcoin (BTC) en moneda de curso legal, el uso de criptomonedas para el envío de remesas sigue siendo marginal. Según los datos del Banco Central de Reserva, el país recibió 5.060 millones de dólares en remesas durante el primer semestre de 2026 y solo 35,4 millones llegaron por canales cripto: un 0,7% del total.
La cifra adquiere todo su significado al ponerla junto al reparto del resto. Bancos y remesadoras tradicionales concentran el 84% del volumen, mientras que las transferencias en efectivo suponen el 3,8%.
Crece un 39%, pero desde muy abajo
Es importante aclarar que el canal no está estancado. Los 35,4 millones del primer semestre de 2026 suponen un aumento del 39,1% frente a los 25,4 millones del mismo periodo de 2025, un ritmo que ya quisieran muchos productos financieros.
Sin embargo, el crecimiento porcentual sobre una base pequeña no cambia la fotografía. Vale destacar que, manteniendo ese ritmo, harían falta más de una década de crecimiento sostenido para que el cripto alcanzara siquiera un dígito porcentual del corredor de remesas salvadoreño.
Los 400 millones de ahorro que nunca existieron
El argumento central con el que se defendió la Ley Bitcoin en 2021 era económico: las comisiones de las remesadoras se comían una parte del dinero que las familias recibían desde el exterior, y el Gobierno estimó un ahorro potencial de 400 millones de dólares anuales en comisiones e intermediarios.
Ese ahorro no se materializó. Cabe recordar que la ley entró en vigor en septiembre de 2021 y que la billetera estatal Chivo, creada para canalizar la adopción, está siendo desmantelada como parte del acuerdo de crédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Por qué la tecnología no resolvió el problema
La explicación no está en la blockchain, que hace exactamente lo que promete: mover valor entre dos puntos de forma rápida y barata. El cuello de botella está en el último kilómetro, el momento en que el receptor necesita convertir esos fondos en dólares en efectivo para pagar el súper o el alquiler.
Ahí entran factores que ninguna red resuelve: la disponibilidad de puntos de retirada, la confianza del receptor en manejar una aplicación con saldo volátil, y el hecho de que el corredor Estados Unidos-El Salvador ya era uno de los más competitivos del mundo en comisiones antes de 2021. Cuando el margen a batir es estrecho, el incentivo para cambiar de hábito se desvanece.
A esto se suma un detalle que a menudo se pasa por alto: la mayoría de esos 35,4 millones se mueven en stablecoins, no en bitcoin. Quien usa cripto para remesas suele buscar precisamente lo que bitcoin no ofrece: un valor estable entre el envío y el cobro.
Venezuela, el contraste que explica el fracaso
Para entender por qué la adopción cripto prende en unos sitios y no en otros conviene mirar al vecindario. RigMineria documentó que el mercado P2P de Binance en Venezuela mueve alrededor de 1.389 millones de dólares al mes, según se detalló en el análisis de ese corredor.
La comparación es demoledora: Venezuela mueve en un solo mes de comercio P2P casi cuarenta veces lo que El Salvador movió en cripto en todo un semestre de remesas, y lo hace sin ninguna ley que declare a bitcoin moneda de curso legal.
La diferencia es la necesidad. Donde existe una moneda local que se deprecia y controles de cambio, el cripto resuelve un problema real y la adopción llega sola. Donde ya circula el dólar y los canales tradicionales funcionan, un decreto no crea demanda.
Qué queda de la apuesta
El Estado salvadoreño mantiene una reserva nacional de bitcoin que superaba los 7.689 BTC en junio de 2026, una posición separada de la actividad de remesas. A los precios actuales de la cotización de bitcoin, en el entorno de los 56.700 euros, esa reserva ronda los 436 millones de euros.
Es decir: la parte de la política que sobrevive es la de tesorería, no la de medio de pago. Vale aclarar que el valor de esa reserva fluctúa con el mercado y que su rentabilidad depende por completo del precio de entrada de cada compra.
La lección para el resto de América Latina
El caso salvadoreño se ha convertido en el experimento de referencia para cualquier país de la región que se plantee un movimiento similar. Lo que demuestra no es que el cripto no sirva para remesas, sino que la adopción se decide en la infraestructura y en el incentivo, no en el boletín oficial.
Para quien envía o recibe dinero entre países hispanohablantes, la comparación honesta sigue siendo caso por caso: comisión de envío, tipo de cambio aplicado, coste de convertir a efectivo en destino y tiempo total. Las plataformas disponibles y sus condiciones pueden cotejarse en las reseñas de exchanges y en la herramienta de comparación; y quien opere con criptoactivos desde España debe tener presente su tratamiento en la declaración de la renta.
El desenlace de los próximos años dependerá de si el canal cripto mantiene ese 39% de crecimiento anual hasta volverse relevante por acumulación, o de si se estabiliza como lo que hoy es: una vía minoritaria que convive con una banca que no ha perdido ni un punto de cuota.
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