
- Project Eleven probó un prototipo de pruebas de conocimiento cero que permitiría migrar bitcoins a esquemas resistentes a la computación cuántica sin revelar la clave privada.
- Más del 34% de todos los bitcoins está en direcciones con la clave pública expuesta, según la propuesta BIP-361.
- Las monedas de Satoshi (2009-2010) no pueden protegerse con este método: usan el formato Pay-to-Public-Key y carecen del árbol de claves que exige la prueba.
- El prototipo genera una prueba en 243 milisegundos en un portátil, pero aún no tiene auditoría de seguridad ni soporte para Taproot.
La startup de criptografía Project Eleven presentó este mes de julio de 2026 un prototipo que aborda el mayor «cisne negro» técnico de Bitcoin: el llamado «Q-Day», el día en que un ordenador cuántico pueda romper las firmas que protegen las monedas. Según recogió DiarioBitcoin a partir de la información de CoinDesk, el sistema utiliza pruebas de conocimiento cero para demostrar la propiedad de los fondos sin revelar información privada, desarrollado junto a Jim Posen, desarrollador principal del sistema criptográfico Binius.
El problema que intenta resolver no es menor. De acuerdo con la propuesta BIP-361, más del 34% de todos los bitcoins en circulación descansa en direcciones cuya clave pública ya está revelada, lo que las convertiría en el primer objetivo si la computación cuántica madurase. Vale aclarar que el riesgo no es inminente: ningún ordenador cuántico actual se acerca a esa capacidad, pero la ventana de migración se mide en años, no en semanas.
Una prueba en 243 milisegundos desde un portátil
Los números del prototipo son su mejor carta de presentación. En una MacBook Air con procesador M5, la generación de la prueba tarda 243 milisegundos usando 4 núcleos, y su verificación apenas 40 milisegundos, con un consumo de memoria en torno a los 2 GB. La implementación completa sobre CPU se resuelve en 910 milisegundos.
Según los datos difundidos por el equipo, el rendimiento es unas 16 veces superior al de implementaciones comparables. Cabe destacar, sin embargo, lo que el propio proyecto reconoce: el prototipo está en fase temprana, sin auditoría de seguridad completada, soporta solo tres tipos de direcciones y carece de compatibilidad con Taproot. De momento, no funciona sobre ninguna cadena en producción.
«No existe ninguna clave superior»: por qué Satoshi queda fuera
La limitación más llamativa afecta a las monedas más famosas de la red. El mecanismo exige que la dirección pertenezca a un árbol jerárquico de derivación —el estándar que introdujo BIP-32 en febrero de 2012 con las frases semilla—. Las monedas minadas por Satoshi Nakamoto entre 2009 y 2010 usan el formato Pay-to-Public-Key y cada clave se generó de forma independiente, sin semilla maestra.
La consecuencia es tajante: «no existe ninguna clave superior que permita construir una prueba de conocimiento cero» para esos fondos. En otras palabras, el famoso millón de bitcoins atribuido a Satoshi seguiría expuesto al Q-Day aunque el resto de la red migrara. En Bitcoin, la seguridad no se hereda: se migra o se pierde.
BIP-361 plantea congelar los fondos vulnerables
El prototipo no llega en el vacío. La propuesta BIP-361, publicada en abril por Jameson Lopp y cinco coautores, plantea congelar de forma progresiva los bitcoins vulnerables que no migren a esquemas post-cuánticos, una idea tan polémica como el debate sobre BIP-110 que divide estos días a la comunidad, como recoge RigMineria en su cobertura de la guerra por los Ordinals.
Teniendo esto en cuenta, el mapa de riesgos técnicos de Bitcoin se reordena. RigMineria analizó recientemente cuánto costaría atacar Bitcoin con un 51% del hashrate —unos 8.000 millones de dólares— y la conclusión de fondo se repite aquí: los ataques económicamente racionales contra Bitcoin no existen hoy, pero los estructurales exigen prevención con años de antelación.
La minería, a salvo del Q-Day; las firmas, no
Conviene separar dos planos que suelen mezclarse. La computación cuántica amenaza a las firmas de curva elíptica (ECDSA), no al minado: el SHA-256 que protege la prueba de trabajo se considera mucho más resistente al cálculo cuántico, por lo que quien opera equipos ASIC no vería alterada su actividad ni sus ingresos por este frente, cuya rentabilidad puede seguirse con la calculadora de minería.
El papel de los mineros llegaría después: si la red adoptara una migración post-cuántica o un esquema de congelación tipo BIP-361, serían sus nodos y su señalización los que validarían el cambio de reglas, igual que ocurre con cualquier soft fork. La experiencia reciente con las actualizaciones de Bitcoin Core demuestra que esos consensos se cocinan a fuego lento.
Por ahora, el precio de bitcoin cotiza ajeno a un debate que se libra en repositorios y listas de correo. Sin embargo, si el prototipo de Project Eleven superara una auditoría seria y ganara soporte para Taproot, Bitcoin dispondría por primera vez de una vía práctica de migración masiva sin exponer claves; si el desarrollo se estancara, la discusión volvería al terreno incómodo de BIP-361 y sus congelaciones forzosas. La amenaza cuántica sigue siendo lejana, pero en criptografía las carreras se ganan por décadas de ventaja, no por sprints.
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